sábado, 17 de febrero de 2018

Sin más


Sin más, tú
Sin puntos 
ni final.
Toda tú
En tu mayor complicidad.
Sin más los sueños 
Se cumplen 
Y coindicir contigo
Fue uno hecho historia.
Por eso 
Ojala tú
Siempre mi felicidad.

                               Gonzalo Gamella

Sueño


Sueño con tenerte
Algún día 
Sólo para mí.
Mirarte a los ojos
Y que me dijeras que me quieres.
Que te basta solo conmigo
Que nunca 
Te vas a ir.
Y si yo pudiera elegir
No quererte
Lo haría sólo 
Por volver a sentirte 
cerca.

                                   Gonzalo Gamella

Volver


Hoy he vuelto
A saber de ti
He vuelto 
A escuchar bien alto
El sonido de tu andar
Retumbándome por dentro
Todavía tengo 
Las cinco letras de tu nombre 
Clavadas en mi mente
Hoy he vuelto a escribirte
Para ser feliz
He vuelto a escribirte 
Y hacerte eterna.
                     
                      Gonzalo Gamella

viernes, 16 de febrero de 2018

"Mientras tú existas" (Ángel González)

Todos los que hemos estudiado Literatura en Bachillerato tuvimos un encuentro "atropellado" con Ángel González; poeta perdido entre muchos otros tantos nombres de su generación y que cuestan tanto asimilar porque se diluyen en una lista interminable de la que siempre se nos olvida uno y lo recordamos después del examen con rabia... Pero la Literatura no es una "lista de la compra" de la que no es posible perder ningún elemento pues nos hace el descuido la faena de tener que volver al supermercado. La Literatura es el milagro que conserva la sensibilidad del ser humano cuando los tiempos se empeñan en silenciarla -sin éxito afortunadamente-... Y es milagro porque ella sola sale al paso entre la dificultad y pone delante de los ojos sus frutos para que que nadie deje atrás su maravilla. Así, hoy nos encontramos con este poema de Ángel González, huído de esa lista para convertirse en la emoción que es; sencillez, sutileza, palabra viva que envuelve una pasión callada, pero desbordante.

Mientras tú existas,
mientras mi mirada
te busque más allá de las colinas,
mientras nada
me llene el corazón,
si no es tu imagen, y haya
una remota posibilidad de que estés viva
en algún sitio, iluminada
por una luz cualquiera...
Mientras
yo presienta que eres y te llamas
así, con ese nombre tuyo
tan pequeño,
seguiré como ahora, amada
mía,
transido de distancia,
bajo ese amor que crece y no se muere,
bajo ese amor que sigue y nunca acaba.

"No te detengas" (Walt Whitman)

Porque hay momentos de duda, desánimo ... Surge entonces, inesperado, providencial, el milagro:

"[...] No leemos y escribimos poesía porque es bonita. Leemos y escribimos poesía porque pertenecemos a la raza humana. Y la raza humana está llena de pasión. La medicina, el derecho, los negocios y la ingeniería son carreras nobles y necesarias para la vida. Pero la poesía, la belleza, el romanticismo, el amor… son las cosas que nos mantienen vivos. [...]"
                              (De una de las clases del profesor Keating, de El club de los poetas muertos)

No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poesías
sí pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima,
nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
Tu puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores:
el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes.
Huye.
“Emito mis alaridos por los techos de este mundo”,
dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.
Vívela intensamente,
sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros “poetas muertos”,
te ayudan a caminar por la vida
La sociedad de hoy somos nosotros:
Los “poetas vivos”.
No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas.

                                                              Walt Whitman

miércoles, 14 de febrero de 2018

Miguel Hérnandez, el nombre de la Poesía

Miguel Hernández; tan sólo el nombre evoca una poesía intensa, plena de emoción, sinceridad, belleza... estarían de más las palabras que aquí pudiéramos dejar porque cuando los versos de Miguel pulsan el sentimiento, tienen en sí la capacidad de romper las cuerdas del alma que, acto seguido, necesitan recomponerse a una sensibilidad especial e infinita. 
Sobran las palabras, cierto, pero creemos que dar las razones que nos llevan hoy a compartir este poema es un homenaje al gran Miguel. No abandonamos el tema del amor al traer aquí uno de los mejores poemas de la Literatura española; el amor tiene tantas y tantas perspectivas que es muy difícil aunarlas en un mismo lugar. Pero Miguel lo hace; amor al hijo, amor a su mujer, amor a la vida que le permitía estar con ellos; amor a la poesía para escribirles cuanto guardaba en su corazón; amor a esas lágrimas sanadoras de la distancia...  En definitiva: Miguel Hernández, poesía... sinónimos siempre a pesar del tiempo y con él mismo.

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre:
escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla:
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.

Una mujer morena,
resuelta en luna,
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te tragas la luna
cuando es preciso.

Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en los ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que en el alma al oírte,
bata el espacio.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa.
Vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.

La carne aleteante,
súbito el párpado,
el vivir como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!

Desperté de ser niño.
Nunca despiertes.
Triste llevo la boca.
Ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.

Ser de vuelo tan alto,
tan extendido,
que tu carne parece
cielo cernido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!

Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.

Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.

Vuela niño en la doble
luna del pecho.
Él, triste de cebolla.
Tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.

"Si el hombre pudiera decir lo que ama..." (Luis Cernuda)

Más allá de la fecha, más allá de la publicidad que de este tema se hace en estos días y que nos persigue a la vez que desvirtúa el sentido hermoso de la palabra, en el taller continuamos rindiendo homenaje al tema del amor. Pero, como decimos, más allá de todo... quizá porque suena a tópico es una cuestión que siempre queda al margen, olvidada... quizá porque parece demasiado fácil -por hermoso- hablar del tema, quizá porque todos creemos conocerlo. Lo que sí es cierto es que el amor es uno de los grandes temas de la Literatura por la sencilla razón de que emociona como ninguno; y como ninguno sabe ahondar en la sensibilidad, en la belleza... y ¿qué si no es la poesía? Ahora bien, la sensibilidad y la belleza no siempre implican gozo, sino que, tal vez, un poema es tanto más bello cuanto más tiende al dolor... y es que el amor feliz se puede fingir a veces, pero no el dolor auténtico, que implica una tensión emocional que pone sobre la mesa los sentimientos en estado puro.... Y ahí es donde radica la indudable calidad poética de los versos de Luis Cernuda, al que hoy dedicamos este espacio... Mucho se ha dicho de él, de su figura controvertida, de su tendencias amorosas... eso nos importan en tanto que ha sido el camino para configurar al poeta como uno de los mejores de la Historia. El dolor, como decimos, se hace presente en este poema: "Si el hombre pudiera decir lo que ama..." ... Aparte de esa interpretación de lo prohibido del amor de Luis Cernuda, y la imposibilidad de manifestarlo explícitamente, hay una frustración tan tan honda -así lo creemos- como poeta por no poder plasmar con la palabra la hondura infinita, el dolor, la pasión, la sangre hirviendo ... todo eso que hace auténticos los sentimientos, y que, por inefable, es quizá la fuente inagotable de inspiración y lo que mantiene viva la poesía.


                                                  El poema recitado por el propio Luis Cernuda

Si el hombre pudiera decir lo que ama, 
si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo 
como una nube en la luz; 
si como muros que se derrumban, 
para saludar la verdad erguida en medio, 
pudiera derrumbar su cuerpo, 
dejando sólo la verdad de su amor, 
la verdad de sí mismo, 
que no se llama gloria, fortuna o ambición, 
sino amor o deseo, 
yo sería aquel que imaginaba; 
aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos 
proclama ante los hombres la verdad ignorada, 
la verdad de su amor verdadero. 

Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien 
cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío; 
alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina 
por quien el día y la noche son para mí lo que quiera, 
y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu 
como leños perdidos que el mar anega o levanta 
libremente, con la libertad del amor, 
la única libertad que me exalta, 
la única libertad por que muero. 

Tú justificas mi existencia: 
si no te conozco, no he vivido; 
si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.