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viernes, 15 de julio de 2016

Miércoles, 13 de Julio de 2016

En contra de toda expectativa, el taller sigue adelante; la poesía es aquello que cala tan hondo en el alma que se instala en ella. Y, en la conciencia de que da sentido a la leyes que rigen la andadura de los días, ... es imposible, una vez conocida, prescindir de cuanto significa. 

Por eso nos seguimos reuniendo, seguimos peleando con el calor a golpe de poema vivo e hirviente que da frescor a la vida... La vida, algo que nos pasa pero que podemos hacerla hermosa con el canto que le corresponde; y así, buscamos la tonalidad acorde a esos minutos, a esas horas que debemos hacer preciosos con el sencillo gesto de la emoción... La poesía es el centinela fiel que vela por ello.

Y así, seguimos en "pie de verso". La semana pasada fue el tema del miedo la sugerencia para que todos escribiéramos un poema ... Para la próxima será el tiempo... cura quizá del miedo, pero no de la pasión latente, guía seguro de quien escribe.

domingo, 17 de abril de 2016

José Luis Morante: lirismo profundo en el misterio de lo cotidiano


[…] Estoy despierto.
Mientras discurre el día
me acompañas,
a salvo del reloj.

   
(De Ninguna parte, La Isla de Siltolá)
Reviso mis notas sobre José Luis Morante antes de comenzar esta reseña y es difícil emprender la escritura queriendo rendir justo homenaje a este profesor de Ciencias Sociales, excelente crítico y escritor que parece haber establecido una especie de pacto maravilloso con las letras por el que estas se rinden a su pluma, serenas, solemnes.
Ciertamente es difícil, y tratando de hallar comienzo a estas líneas se abre paso en mí el recuerdo tan vivo como lejano, diez años, del momento en que tuve el placer de conocer a José Luis. Yo aún luchaba por conseguir el puesto de profesora de Lengua y Literatura que ahora es mi trabajo y una de mis pasiones; y cumplía asistencia obligada a uno de esos cursos para profesores… Y no sé si es el destino que viene a veces a doblegar el desánimo, porque nunca he olvidado aquella conferencia sobre Rosa Chacel, a cargo del propio José Luis; no solo por su contenido, sino por esa especie de entusiasmo, de ese entregarse a lo que hace que nos transmitió … ese “querer ser como él algún día” en el sentido de poder compartir a viva voz el amor por las letras quedo ahí, como un poso que nos remolca cuando se vencen las fuerzas en aquel camino tan duro de la oposición… Y, al cabo de diez años, volví a hablar con él; yo sigo su labor, porque es encomiable, y porque todos necesitamos un ejemplo de quien aprender; y esperaba encontrar un hombre forjado por sus éxitos, distinto quizá del que yo conocí. Pero hallé un hombre sencillo, feliz con lo que hacía; por un momento me hizo olvidar tantas publicaciones suyas que lo situaban en una escala superior, falsamente inaccesible, y encontré un compañero, un profesor entusiasta profundamente emocionado porque sus alumnos lo acompañaban en la presentación de Re-generación. Así es José Luis Morante, intelectual, sabio… o quizá debamos decir humanamente intelectual con la sabiduría que le han otorgado los años. Lo que sí es cierto es que ha sabido dedicarse a aquello que ama, y hacerlo bien.
José Luis Morante nació en El Bohodón, Ávila, en 1956. Es profesor en el IES Duque de Rivas, en Rivas-Vaciamadrid, ciudad donde creó la revista Luna Llena y coordinó la revista gráfica y de textos Prima Littera durante una década. Fue director del periódico Señales de humo y subdirector de la colección de poesía “Cinco estaciones”. Su obra poética está formada por Rotonda con estatuas, Enemigo leal, Población activa, Causas y efectos, Largo recorrido, Un país lejano y La noche en blanco. Una amplia muestra de la misma se recoge en la antología Mapa de ruta (Maillot Amarillo, 2010). Entre sus premios destacan el Premio Luis Cernuda, el Internacional de Poesía San Juan de la Cruz, o el Premio Hermanos Argensola. Por el conjunto de su obra el Hogar de Ávila en Madrid le concedió el Premio Espadaña. Ha colaborado en diferentes periódicos con ensayos breves y colaboraciones críticas. También es autor del diario Reencuentros, el libro de entrevistas Palabras adentro, Protagonistas y secundarios -un conjunto de estudios sobre poesía contemporánea- y el libro de aforismos Mejores días. Ha preparado cuatro antologías y varias ediciones críticas, entre las que destacan los estudios sobre Luis Felipe Comendador, Herme G. Donis y las ediciones de Arquitecturas de la memoria de Joan Margarit y Ropa de calle de Luis García Montero, ambas para Letras Hispánicas. A principios de 2016, presenta su antología Re-generación, editada por Valparaíso, recogiendo una amplia muestra de la poesía española más joven.
Sin duda alguna, entre sus muchas facetas, José Luis es,  no sólo un gran poeta, sino un apasionado de la Poesía, a cuya difusión dedica gran parte de su trabajo; sobre esa última antología afirmaba: “Tengo la sensación de haber realizado un largo viaje lleno de rincones inéditos. Así que el asombro me dura todavía y con él la certeza de que vivimos un momento creativo de primera magnitud, con poetas que serán una presencia viva en el futuro.”
También soy yo
por la fidelidad a mis contradicciones,
por permitir gozoso,
cuando las plazoletas solitarias reivindican
el silencio y la sombra,
que un silencio me asalte en el espejo,
como un rastro de luz, leve, intangible,
e inicie una liturgia
con frecuencia de rito
de nombres, fechas, gestos
y túmulos de sueños
nadando alborozados en el mar
de una cronología sospechosa.

Tanta dulce mentira esconde a otro.

                          (“Autobiografía”, Causas y efectos, Sevilla, 1997)
“En mi poesía percibo una querencia natural por lo colectivo y una manera de caminar por aceras conocidas. Así que abordo una tradición de normalidad que explora lo novedoso de cada instante repetido y que busca el misterio de las cosas que pasan. Pretendo conocer lo circundante y en ello incluyo mi interioridad”. Así es, una poesía que parte de lo cotidiano, dotándolo de un especial lirismo –elegante, sencillo, fastuoso de belleza-, para ahondar en las profundidades de uno mismo arrastrando al lector que, en su fascinación, sigue verso tras verso una poética que lo ayuda a conocerse también a sí mismo, y a indagar en esa poesía que reside latente en la simplicidad suprema de cuanto lo rodea.
El miércoles pasado, José Luis estuvo muy presente en nuestro taller, con un poema que él mismo nos prestó con esa amabilidad que tan bien lo define. Un silencio mejor que cualquier aplauso predecesor de un sincero entusiasmo fue la respuesta unánime:
Casi nonagenario
-después de quince años de ceguera-
la evocación a tientas del pasado
equivale en mi padre
a resistencia.
El ahora es relente,
una cronología que tortura
con terapias y síntomas,
e ignora el leve aroma
de las flores de invierno.

Mi sedentaria angustia,
a cuerpo limpio,
no deja de pensar en cómo observa
aquello que no ve;
con serena sonrisa
enumera detalles
que debieron ser ciertos
y yo escucho sonámbulo,
mientras cierro los ojos.
Todo pasó, no importa
si el pasado no asiente
o la estricta verdad le contradice.

A veces su mirada resucita.
Posiciona en un mapa
imágenes dispersas.
Su voluntad es luz;
es el tacto que gira el picaporte
para abrir desde dentro
la puerta infranqueable.
           (Del libro Ninguna parte, La Isla de Siltolá, Sevilla, 2013)
Lo que más le debemos es ese alimentar el entusiasmo de otros por las letras partiendo del suyo propio. Un entusiasmo recubierto de esa sabiduría tan propia sin olvidar que no camina solo, porque siempre ofrece su mano al que está dispuesto a emprender un sendero del que bien conoce ya los obstáculos y toda su grandeza.
                                                    Arganda del Rey, 16 de Abril de 2016.



domingo, 3 de abril de 2016

Fernando López Guisado: poesía absoluta, rotunda y verdadera




Eso es el poema:
preservado momento;
siempre rebrotando
incombustible,
aguardándote.
Reconstruyéndose en cada futuro.
Deconstruyéndose en cada sonido.

(“Bajo los tilos”, La letra perdida)

… Así es la poesía de Fernando López Guisado: un rebrotar constante de lirismo, un trepidar de lo cotidiano que se transforma, a través del poema, en sentimiento rotundo y bello a la vez que arrebatador. Es una espera incombustible, poética, en el vibrar del tiempo, de una realidad futura que dé sentido definitivo a un presente a veces desolador… pero de esa espera, dolorosa en ocasiones, luminosa en otras, nace una forma de escribir que agota el sentido último de la emotividad más honda bajo una forma hermosa, colmada de musicalidad, que dota a sus poemas de una perfección indecible.

Fernando nació en Madrid, en 1977. Es poeta:

[La poesía] es una enfermedad que, de pronto, se contrae y se convierte en crónica. […] Puedo dejar (y he dejado) de ser muchas cosas, pero tres de ellas nunca: padre, hijo y escritor.

Es como define él mismo la poesía, una de sus mayores pasiones, o quizá la más alta de todas ellas, porque es poeta, no por oficio, sino por una vocación profundamente arraigada hasta en los rincones más ocultos de su alma. Fernando nació poeta, mira el mundo con los ojos de la poesía, e incluso en la conversación más intrascendente impregna todo de un halo de lirismo y apasionamiento que hace que ni una de sus palabras quede en el vacío.

Soy un poeta y un esclavo.
Un escorpión de metal que se esconde 
por las rejillas de una red interminable.
Un loco al que la soledad de su jornada continua 
y su diminuta madriguera 
han convertido en un vampiro de sentimientos ajenos, 
en un fantasma de imaginación,
en una manifestación mutable 
que se aparece bajo mil nombres cibernéticos:
uno por cada infierno que subyace tras los circuitos,
uno por cada futuro incierto que nos queda por vivir.

                                                  (“Ojos vacíos”, La letra perdida)

Un poeta espléndido que combina la escritura y la crítica literaria con el Radiodiagnóstico. Publicó su primer poemario, Aromas de soledad, con tan solo dieciocho años. Vendrían después El Altar de los Siglos, y Porque nunca fue suyo. La publicación de La letra Perdida con Ediciones Vitruvio en 2012, le situó por su indiscutible calidad literaria, entre los poetas más leídos de su generación.

Entre los precipicios de la madrugada
hay momentos en los que el mundo deja de existir.
Todo parece detenerse.
Son recuerdos fugaces de un eco más anciano que el universo.
Sufro la maldición de tomar conciencia en esos instantes.
Me mantengo inmóvil, haciéndome el dormido
para que la oscuridad no me devore.
Finjo que no escucho susurrar a sus sirvientes por el cuarto
bajo los latidos de mi propio corazón. Intento
apaciguar esa campana que galopa acelerando en mi cerebro,
que pide huir,
que pide a gritos huir igual que verdad entre olas […].

                                                                                         (“Despertador”, La letra perdida)

           Su último poemario es Rocío para Drácula, publicado por Vitruvio en 2014, una obra que viene a confirmar su categoría como escritor, y lo personal y atractivo de su voz poética. Con él obtuvo el "Premio de la Asociación de Editores de Poesía 2014"; un premio de gran prestigio concedido anteriormente a poetas tan importantes como Ana Ares (2008), Juan Planas (2009), Luis Alberto de Cuenca (2010), José Elgarresta (2011), Paca Aguirre (2012) y Blanca Uriarte (2013).


 Aparece en las antologías: Los jueves literarios de la casa del libro, Memoria y euforia, Una mirada escrita, Ilusionaria 3, Historias del Dragón y 2099-b. Organiza, junto a los escritores Elena Muñoz y José Guadalajara, el Ciclo Café Literario de Rivas. Colabora con diversos medios. Conduce la bitácora "Buenas noches Nueva Orleans". Es director académico de la Academia y Agencia Literaria Letras Vivas.

“Un poeta espléndido que combina la escritura, la crítica literaria …” se dijo más arriba; no hay duda de ello, pero lo es más aún que combina su rigor y dedicación al trabajo con una personalidad arrolladora, una sensibilidad infinita y una mirada clara, limpia, quizá marcada por múltiples recodos en el camino, pero siempre dispuesta a ofrecer su mejor yo. Por ello, quisimos rendirle a Fernando un pequeño homenaje en nuestro taller; es menos de cuanto merece, pero sí es cierto que volvió a crearse la magia que surge cuando vuelan sus versos. Surgió con este poema inédito que él mismo, con su amabilidad de siempre, nos prestó, una admiración intensa nacida de esa poesía tan suya que nunca deja indiferente:

Soy ese tipo raro de la ropa oscura y ajada
que camina distraído gastando las aceras
empujando solo un carrito con dos niños
cuando se escapa de su cíclico martes;
el que fue una vez malo y tonto y torpe,
pero que ahora recuerda tu voz, le gusta
hablar de seres que imagina, da la brasa
con libros y pelis viejas de terror inocente
que nadie ve;
soy el lado de la sombra,
el brujo a tientas,
el ardiente fondo,
el escritor
que nunca perteneció a ningún lugar
con su armadura de oro hecha pedazos
cabalgando en soledad hacia el silencio
en otros mundos donde el amor aún resiste
pero se le van secando sus jirones
entre los dedos que se queman
por bajar la luna; soy tantos
que solo puedo ser yo mismo,
transformar en flores cicatrices,
soñar mucho
y tratar de que la noche lo cure todo.
                                     ( FLG, poema inédito)

... conmover y reanimar aunque queme. En lugar de quebrar corazones su misión estriba en curarlos. Electricidad que ilumina un pasillo a ciegas. Captura de lo invisible ... Eso es la poesía para este magnífico poeta, a ella se debe, y eso es lo que, sin duda, logra. Los versos de Fernando López Guisado llenan, colman toda la realidad circundante cuando los desata ... los versos de Fernando son poesía absoluta, rotunda, y verdadera.

                                                                                    Arganda del Rey, 2 de Abril de 2016



domingo, 20 de marzo de 2016

No es posible dejar de amar la poesía

... Las sombras, oscuridades por las que pasa todo aquel que escribe, fueron el centro del último día de taller antes de vacaciones.
A veces, se atraviesan valles, se presentan escollos inescrutables y parece extinguirse aquello que era motor de la escritura... Se siente un vacío absoluto de sentimientos, de voz, de palabras ... la belleza se hace ajena, y es como si la vida tratase de demostrar que la escritura no es lo que nos toca. Se siente una caminar sin saber dónde, porque se ha esfumado el impulso que guiaba el paso hacia adelante.. y es difícil ver el mundo sin esa perspectiva lírica, que, conocida, se instala en el ser mismo y es imposible prescindir de ella... sí, es imposible... Gloriosamente imposible, porque el alma del poeta es sustancialmente lírica, necesita como alimento prodigioso desgranarse en algún verso redentor que le devuelva la conciencia de sentirse vivo. La poesía es dama hermosa que enamora sin remedio; es brisa dadora de aliento cuando el calor de la rutina se hace insoportable; es una lente maravillosa que hace ver el mundo con una perspectiva nueva que ayuda a afrontarlo con pasión, y emocionada cordura.
La poesía es así, conocerla es amarla sin medida y sin remedio ... y no se puede dejar de escribir cuando se ha conocido el prodigio de hacerlo, porque no es justo privarse de todo aquello que supone, ni se puede robar al mundo esa belleza futurible. A veces, existe la tentación de dejarlo, porque ahondar en el alma duele ... pero, afortunadamente, siempre hay una mano que impide que nos apartemos de lo que somos; todos la tenemos, aunque no la sintamos visible... todos hemos tenido o tendremos la experiencia de esa sequía, pero pasa, y la poesía nos abraza de nuevo.
Me permito dejar aquí estos versos que son experiencia propia de cuanto queda escrito... sirvan de ánimo para el que ahora no lo encuentra:

Un día quise acallar mi musa;
las manos frías, el corazón hirviendo
de rabia por el destino…
la tomé el rostro
fijando en mis labios
toda mi amargura.
La hice culpable de tanto silencio:
le clavé mis torpezas
sin poder mirar sus ojos,
y dejé que se marchara.
Después, en un caminar
sin rumbo
por esa nada elegida,
por esa plenitud de ausencia,
se me perdió algún verso imprevisto,
despilfarro salomónico,
sentimientos contrahechos
en mil pliegos moribundos…
Ahora llegas de nuevo
implorando un retorno, un perdón insólito,
que debió ser de mi boca…
Vuelves, embriagando mis manos
de un perfume de poema
que nunca dejó de ser mío..
Vuelves, sutil, arrebatadora,
a enamorar el resto de mis días;
a poner en pie mi ingrávida conciencia;
muerte sedienta de pura lírica …
Vuelves, savia redentora
manantial de belleza pura, infinita.
A mi te llegas, y robas mi sangre
y, tempestad en calma,
devanas mi vida
por volver a tejerla, 
para siempre
con la tuya.
                   Rocío Romero

jueves, 10 de marzo de 2016

9 de Marzo, Miércoles... y el verso nos sigue abrazando

Comenzamos hoy desvelando algo curioso, desconocido por muchos pero tan sencillo como profundo y atrayente para el que escribe poesía: el haiku. Tres versos que sentencian un pensamiento fugaz y valioso, que capta la esencia de un instante sentido desde la hondura de un lirismo hermanado con la reflexión. La lectura de algunos haikus de Mario Benedetti hizo el resto ... embriagados por ese descubrimiento, por esa nueva herramienta de expresión, el reto empuja a muchas miradas a emprender la escritura. Quizá la semana que viene nos sorprenda con más creaciones fabulosas como las que ya está propiciando este taller.


Pero la poesía es indómita, y se agita en las mentes que la acogen, y se expande en reflexiones y meandros, hasta que culmina con los temas que más inquietan al poeta en ciernes; "... Todo Juan Ramón necesita al lado una Zenobia ..."; qué hermosa frase y qué cierta aportación de Cristina Asenjo -nuestra compañera profesora de Lengua- puso punto final a una nueva sesión de nuestro taller. Porque no nos cansamos de hablar acerca de lo que supone el genio creador, no en la factura del verso, sino en la vida misma del poeta. Asumirse, sentirse en plenitud de fortaleza para vocear al mundo que el verso atrapa, traspasa el alma que se deshace en palabras maravillosas ... Cuánto cuesta legitimar la voz propia frente a la realidad que nos circunda, presa de la lucha por lo material y finito.

El verso es cómplice de las almas desasidas de lo común, cómplice de las tristezas más intensamente vividas, cómplice del dolor dulce que se traduce en la hermosura del poema ... "Estudio, levanto la vista y veo una naturaleza que canta por si misma a través de mi ventana, y yo escucho cómo habla, y escribo, escribo en las márgenes del mundo, en el olor del viento, en los arcenes de un camino que me hundiría en la nada..." así es, así surge, así nos habla la lírica, como bien explicaba Daniel... "Por una vez en esta vida, quisiera ver las hojas en las hojas, la hierba como simple hierba, el mar como sencillo oleaje sin más explicación que el motor del viento... la hondura duele, se clava en el alma y necesita salir en forma de canto revestido de la palabra..." Así siente el poeta, así se devana su yo
en el vivir cotidiano de un mundo que le es ajeno ... "Todo Juan Ramón necesita una Zenobia..." si, qué miedo a la locura, a la feliz locura que nos hace sentirnos vivos transformada en belleza; pero a la vez cordura para advertir el mundo desde ese reverso que lo hace valioso e inspirador, que lo hace música en el poema.

viernes, 4 de marzo de 2016

Continuamos en pie

Hace tiempo que unas líneas no dan aquí testimonio de este taller, pero sigue vivo, con una vida que se despereza poco a poco y surge al mundo; u se abre a la brisa de mil ilusiones compartidas cada miércoles. Así es, en estos tiempos -y no es tópico, sino realidad- en que lo que no surge de la materialidad se queda anclado a las márgenes del tiempo, en que pensar en la abstracción de las horas para ahondar en uno mismo y encontrarse para ser alguien mejor  es delito... estos tiempos en los que se indaga lo visible a los ojos y no al alma, admitirse enamorado de la poesía es para muchos propagar a voz en grito una locura sin remedio ... Pero no importa, en tanto que existan aún almas valientes dispuestas a correr ese riesgo, la poesía estará viva y será libre de continuar haciendo de muchos destinos algo admirable; ya lo dijo Bécquer.

Han sido muchos recreos tejidos y deshilados en torno al bien que supone hallar lo lírico en el interior de cada uno; como Penélope que espera la llegada de Ulises, el alma espera ese verso de cuya rima, de cuyo espíritu se devane todo un poema que nos revista y nos refleje a su vez. Han sido muchos los recreos en los que los que se llenaba la boca de palabras agolpadas para tratar de dibujar lo que supone la poesía para aquel que la encuentra...

Pero cuidado, la poesía es "peligrosa", la poesía ayuda a hacer un retrato de lo que somos, de cuanto somos, a tomar conciencia de lo dignos que son los horizontes a que podemos aspirar... nos habla de la grandeza humana... Hace sucumbir el espíritu a la belleza, al compromiso con difundir los ideales más altos... hace sucumbir al hombre ante la plenitud de si mismo ... Es peligrosa, porque abre el alma a las emociones, y la razón al libre entendimiento.

Y se es valiente, mucho, cuando se escribe, porque el poeta se ofrece al que recibe sus versos en apertura total de cuanto siente. Entrega su alma toda en un acto solidario; comparte la belleza encontrada con aquel que aún la busca, para que, llenándose con ella, sea capaz de percibir que todo cuanto lo rodea no es desastre, no es tristeza, sino luz posible que algunos se empeñan en apagar.

... Cuando se deja al verso acomodarse, habitar en lo más hondo de nuestro yo auténtico, va impregnando la realidad misma de una perspectiva inédita, de una mirada
profunda que se apodera del que escribe ... Porque la poesía es una forma de vida, es un estado del alma, es una visión comprometida y hermosa del mundo.

sábado, 19 de diciembre de 2015

Poesía ¿por qué? ¿para qué? (3ª y 4ª reuniones del taller)

Unimos aquí las dos últimas sesiones de nuestro taller de poesía, pues en ellas hemos tratado un mismo tema, tan difícil como extenso y maravilloso, que es la justificación de la escritura poética: ¿qué es lo que mueve a alguien a escribir? ¿Por qué poesía? ¿Por qué ese entusiasmo por la creación que produce miedo a la vez?
El amor por la poesía empieza, de forma mágica, por la lectura: Quevedo, Espronceda, Bécquer, Machado, Unamuno, García Lorca, Salinas, Luis Cernuda, Claudio Rodríguez … llegan a llenar los ojos primero, y el alma después, con sus versos. La lectura pulsa en el interior una especie de resorte capaz de trasladarnos a otro yo, que nos presenta una dimensión diferente -totalmente diferente- de cuanto somos. Nos hace ver que existe otra perspectiva de la existencia; no sólo de uno mismo, sino de todo cuanto nos circunda, pues, según se ahonda en esa belleza recogida en palabras, surge el enamoramiento. Sí, el amor por ella, por la poesía; y es tan expansivo ese sentimiento que eleva el yo más íntimo, hasta convertirse en una especie de lente que se interpone entre la realidad y aquel que lee. Y esto produce un vértigo estruendoso, porque sí, nos subimos a un tren del que no es posible bajarse, porque romper esa lente y devolverle al mundo la visión gris que tenía, sería profundamente desesperanzador, sería terrible. 
Y de la lectura surge la necesidad de ir más allá, porque ese yo en expansión no sólo desea verse reflejado en cuanto lee, sino que comienza a querer expresarse por sí mismo. Y surge la presencia redentora, reconfortante, profética, de la poesía. ¿Por qué poesía? indudablemente, si las lecturas son buenas -más arriba se mencionaron a algunos de los grandes-, el intento de imitación es natural. He aquí la importancia de la lectura; no se puede partir de la nada, necesitamos referentes que nos den la clave lírica del mundo, para luego poder hacer la interpretación personal del mismo; necesitamos un camino abierto que nos adentre en los confines del verso para luego buscar los horizontes propios y trazar cada uno la ruta hacia ellos como su interior le vaya dictando. ¿Cuál es esa ruta? ¿Qué es lo que distingue un poeta de otro? La voz, esa voz poética que hay que buscar por encima de todo, y que se encuentra cuando tomamos conciencia de que hemos dejado de imitar, de que nos hemos desvinculado de los brazos que nos sostenían y comenzamos a andar solos, ... la voz llega cuando llegamos encontrarnos en lo que escribimos.
¿Por qué el miedo -entonces- a escribir? el miedo surge en primer lugar, a no hacer algo digno, como si un mal verso dañase aquel ideal poético en que se piensa cuando se escribe. Se lee lo propio, se vuelve la vista al modelo, se vuelve a leer lo propio... y la conciencia del error constante merma las fuerzas; pero hay que seguir intentándolo, hay que seguir en la búsqueda de ese "yo poético" que da libertad porque supone la plenitud de encontrarse a uno mismo. Y, en última instancia, el miedo a la legitimación como poeta; escribir no es sólo un aspecto formal, sino que es una aceptación de un yo poético que obliga a reconfigurar la conciencia por completo. Hay que aceptarse, hay que asumir que -y esto es difícil- para el que escribe poesía –simplificando mucho-, la luna ya no será simple luna, ni el viento, simple viento, ... todo se percibe de una forma más intensa, desde una especie de reverso del mundo donde todo se colma de significados, de lirismo en definitiva... una visión que oprime el pecho y la garganta y pide salir, a gritos a veces... el corazón lo filtra, y la mano escribe. Una vez escrito, encontrarse frente a frente con aquello que se siente, con una intimidad y hondura a veces arrolladoras, requiere de una firmeza de espíritu grande; eso, a veces, agota las fuerzas. Pero la lucha del poeta no termina en sí mismo, sino que va más allá; la poesía es escritura, y, como tal, necesita unos ojos que la lean, que la hagan suya -esa es la gloria del poeta-. Y no siempre existe esa legitimación por parte del resto. La comprensión, la aceptación de lo que se escribe es variable, dependiente de mil factores y condiciones, caprichosa, crítica,... y hay que saber recibir las consecuencias no siempre favorables de lanzar un escrito al abismo de la recepción. 
Por último, está el lugar del poeta entre el resto; lo más difícil y doloroso. Se escribe, sí, pero escribir es abrirse por completo a que cualquiera indague en los recodos del alma, dejando a la vista las cimas y las miserias de la misma. Existe al respecto la pregunta de si de verdad se siente como se escribe, de la sinceridad en el verso. En cierto modo, por mucho que se intenten difuminar, los sentimientos, la necesidad de expresarlos está en el germen de cualquier poema, porque subyace la voz poética, que es sincera e inevitable seña de identidad de quien escribe.
… Y la soledad, esa soledad sentida quizá desde antes de la toma de conciencia del don de la escritura; una soledad proveniente de saberse distinto en la percepción del mundo; de saberse ajeno a la forma cotidiana de sentir las cosas… de la constatación de que es complejo encontrar a otros que comprendan, que respeten esa intensidad en el vivir de cada instante; una soledad peligrosa porque dobla las rodillas en el caminar por esta vocación tan hermosa, pero tan complicada. Posiblemente, en momentos de desánimo, sea mejor evitar estas reflexiones y recordar a nuestro querido y admirado Unamuno y dejar que la locura entendida como apasionamiento por unos ideales, nos invada: “ […] No se entiende aquí ya ni la locura […] Creo que se puede intentar [...] ir a rescatar el sepulcro del Caballero de la Locura del poder de los hidalgos de la Razón". (Miguel de Unamuno, “El sepulcro de don Quijote”, prólogo a Vida de don Quijote y Sancho). De ello puede surgir -aunque humilde- alguna luz: "Don Quijote abandona su armadura"

Sirvan estas reflexiones como contribución –humilde, pero contribución al fin- a mantener a la poesía en lugar que le corresponde. Por eso, “¿…Poesía? … Yo invito” Nosotros invitamos.

miércoles, 2 de diciembre de 2015

2ª Reunión del taller

Hoy, segundo miércoles en este caminar recién iniciado de nuestro taller de poesía, hemos podido comprobar, con orgullo y gran entusiasmo, cómo el verso sigue vivo, sigue latiendo, sigue fecunda en frutos maravillosos que no sólo se reparten en nombres del pasado... La poesía está viva en los rostros más jóvenes, que hoy acudían por primera vez a encontrar un lugar donde legitimar sus inquietudes literarias. El tiempo, quizá demasiado breve, ha transcurrido entre lecturas de autores consagrados y poemas propios. Quede aquí nuestros más sinceros agradecimiento e ilusión depositados en este proyecto que sigue adelante.